Monseñor Romero: un tributo a la verdad 35 años después

Hace 35 años una bala pretendió apagar la voz de quien denunciaba, desde sus homilías, las injusticias y graves violaciones de derechos humanos que se cometían con la mayor de las impunidades en mi país. Hace 35 años la represión alcanzó su punto más álgido y dio inicio formal a un conflicto interno que oficialmente culminó 12 años después.

Durante décadas se buscó justicia para el homicidio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, sin que hasta la fecha se haya obtenido un resultado favorable, más allá de lo recogido en el informe de la Comisión de la Verdad y en los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Plaza Salvador del Mundo , Beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, 22 de mayo 2015

Plaza Salvador del Mundo, Beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, 22 de mayo 2015

El Salvador le negó – y le sigue negando – la justicia, no sólo a los familiares, sino a su propio pueblo. Años de negar la responsabilidad de los señalados públicamente como los autores mediatos y directos del asesinato, años de intensos esfuerzos por parte de quienes han construido la verdad oficial de este país, por tratar de callar la voz de Romero, por desprestigiar su lucha y deslegitimar su mensaje, tachándolo de ”subversivo” e “instrumento político”.

Hoy, 23 de mayo de 2015, 35 años después, este pueblo celebra la beatificación de su obispo mártir, y lo hace con especial alegría, la provocada por la sensación de que, de una manera simbólica, se ha hecho justicia. Hoy, la Iglesia le ha dado a Romero el reconocimiento oficial de la verdad, y con él, a las víctimas, algo que la justicia formal de este país aún tiene pendiente.

Sin embargo, no se puede perder de vista que las injusticias denunciadas por Romero hace 35 años continúan vigentes. La desigualdad, la exclusión y la violencia no han abandonado a El Salvador, a pesar de que, formalmente, tenemos 23 años de vivir “en paz”.

Más allá de la publicidad desplegada desde hace semanas y de ver a los detractores de Romero mostrarse ahora como sus más fieles seguidores, su mensaje sigue vivo, así como la promesa que hiciera en aquella época ante las constantes amenazas de muerte que recibió: “si me matan, resucitaré en el pueblo”. Hoy Monseñor ha resucitado en El Salvador.

Sandra

Foto: Cancillería del Ecuador

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