Levantar el velo

Cada vez que, desde nuestro contexto, hablamos de la situación de la mujer en los países musulmanes, irremediablemente y con toda seguridad aparece en nuestra mente una imagen recurrente: la de una mujer con eso que comúnmente llamamos velo (hiyab, niqab, chador,…). Confieso que a mí me pasa muy a menudo. Confieso que he tenido muchas discusiones al respecto y, al final, todas acaban reducidas a la dicotomía de: prohibición del velo sí – prohibición del velo no. Y confieso también que, ante esa dicotomía, nunca he tenido un posicionamiento claramente definido.

Grupo de jóvenes paseando. Marruecos 2015.

En estas vacaciones de Semana Santa he viajado por primera vez a Marruecos y, a pesar de saber de antemano que era esto lo que iba a encontrar, no pude evitar mirar y poner interés en aquellas mujeres (la mayoría) que llevan ese velo y van vestidas con ropas que cubren prácticamente todo su cuerpo. Intentas normalizarlo pero llama la atención. Llama la atención porque es algo muy visible, muy diferente y, sobre todo, muy presentado en las sociedades occidentales como el símbolo más evidente de la represión, la subordinación y la discriminación de la mujer frente al hombre. Sin embargo, estando allí, paseando, observando desde un atasco la vida cotidiana o contemplando el ir y venir sentada en un escalón de una calle cualquiera, lo que más me sorprendió no fueron los velos sino precisamente la falta de ellos, el no encontrarlos en cualquier situación o lugar. Es decir, la ausencia de la mujer en la vida pública: terrazas de cafés sin mujeres, zocos sin vendedoras, oficinas sin mujeres que atiendan, controles de policía sin policías mujeres, …

Hombres jugando en una plaza. Marruecos 2015.

Apuesto por la importancia de los símbolos y soy consciente de su fuerza, de su repercusión y de su utilización en reivindicaciones y manifestaciones de cualquier signo. Pero el riesgo que corremos con ellos es que, a veces, acabamos por identificarlos con toda aquella complejidad que representan. Como siempre suele suceder, tendemos a simplificar cualquier asunto, reducimos toda la problemática sobre la discriminación de la mujer, sobre todo la musulmana, a su “libertad” para vestir como quiera (pretendiendo significar que nosotras sí la tenemos), obviando en el camino tantos otros gestos, comportamientos o situaciones de hecho que, desde mi punto de vista, revisten mucha más gravedad y están más arraigados en todas las sociedades, incluidas, por supuesto, las de los países musulmanes. Una de ellas, quizás la más importante, sea esta cuestión del reparto de los espacios: al hombre corresponde el espacio público mientras que a la mujer se le atribuye el espacio privado, doméstico. Y el estado, por supuesto, se desentiende de todo aquello que ocurre de puertas hacia dentro, en el espacio de la mujer, en el espacio doméstico. En países como Marruecos esta separación es muy evidente, en nuestros países “desarrollados” no lo es tanto, pero existe, con sus formas sutiles, sus connotaciones y sus especialidades.

Mujeres comprando en el zoco. Marruecos 2015.

Algo que siempre me planteo es si habría tanta indignación sobre la situación de las mujeres musulmanas si estas no llevaran velo. Y pienso de nuevo que, desde occidente, el velo se utiliza en muchas ocasiones como un símbolo. Un símbolo que les sirve para marcar la diferencia entre ellas y nosotras, para justificar que la suya es la discriminación verdadera mientras que la nuestra se reduce a pequeños incidentes aislados, para así posicionarnos en distintos puntos de partida y hacernos ver que la meta está muy al alcance de nosotras, las mujeres “modernas” occidentales que podemos enseñar el pelo. No pretendo caer en la idealización, y me consta que la situación no es la misma en unos países y otros, sobre todo desde el punto de vista de la igualdad formal o de derechos; pero no podemos presentarnos como sociedad ejemplar y ejemplarizante que es capaz de solucionar para otras sociedades los problemas que no ha sabido solucionar para sí misma o que, en el mejor de los casos, ha tardado años en hacerlo y no siempre de la manera menos dañina.

Casa al borde del mar en Asilah. Marruecos 2015

En el mundo del derecho existe una doctrina jurídica conocida como doctrina del levantamiento del velo. Aplicando esta doctrina, el juez mercantil puede prescindir de la forma externa de la persona jurídica (sociedad anónima) que ha cometido un fraude, penetrando en la verdadera estructura de la sociedad y permitiendo llegar hasta las personas físicas “escondidas” bajo el anonimato para imputarles a ellas la comisión de los delitos perpetrados. Desde occidente pretendemos imponer una suerte de levantamiento del velo promoviendo políticas de “integración” basadas en la prohibición, en nuestros espacios públicos, del uso del velo a las mujeres. Pero, salvo excepciones, parecemos conformarnos con eso: retirando el velo hay tranquilidad de conciencia, todo parece en orden y la incomodidad desaparece. A diferencia del juez mercantil, no buscamos atacar aquello que está bajo el velo, no nos preocupamos por ir más allá. Levantando ese velo conseguimos la aparente igualdad de todas las mujeres, las de aquí y las de allí, creemos asimilar los derechos de unas a los de otras como si, así, de repente, desapareciera la discriminación de ambas. Pero simplemente estamos quitando el velo, eliminando el símbolo que tanto nos molesta y pasando a tener mujeres, musulmanas o no, sin velo, pero que sufren malos tratos; mujeres, musulmanas o no, sin velo, pero que no pueden trabajar fuera de casa o lo hacen en peores condiciones; mujeres, musulmanas o no, sin velo, pero cuya sexualidad es criminalizada; mujeres, musulmanas o no, sin velo, pero que viven exclusivamente en y para el espacio privado.

Reflejo de mujeres. Marruecos 2015.

En definitiva, al igual que una calle de la medina de Tetuán puede recordarnos a cualquier callejuela cordobesa, quizás la situación de una mujer en Marruecos pueda tener mayor parecido del que pensamos con la de cualquier mujer española, velos aparte…

Mujer en una típica calle marroquí. Marruecos 2015.

Candela

Fotos: Candela

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