Libertad de prensa (¿?) en los últimos tiempos

Hace un tiempo estaba revisando los viejos post publicados en nuestro blog y me crucé con el artículo de Nerea sobre la libertad de expresión.
Me puse a reflexionar y me di cuenta de que, gracias a las acciones más descabelladas y a las maniobras políticas, económicas, sociales y legislativas aplicadas en nuestra vieja Europa, confundo muy a menudo e irremediablemente el concepto de libertad de expresión con el de libertad de prensa.
Es un error menor, lo sé, ambos derechos están estrechamente relacionados, sin embargo la precisión y la minuciosidad de los detalles y los matices son desde mi punto de vista los elementos que permiten ganar cada partido. Usando conjuntos y subconjuntos como nos enseñaron en la escuela primaria, el conjunto más amplio resulta ser el de la libertad de expresión, mientras que el subconjunto es el de la libertad de prensa, tal como prevee el artículo 10 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (conocido por razones de economía del lenguaje – como CEDH): Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas, sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras .
El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 es aún más claro en este sentido: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Convenios, tratados y declaraciones, con el tiempo, han sido incorporados a la legislación de cada jactanciosa democracia actual, para que los ciudadanos y las ciudadanas se sintiesen protegidos, garantizando la existencia de dichos derechos.
Sin embargo, del dicho al hecho hay mucha realidad.

2014-06-01-19-23-01
La sensación que tenemos (y hablo desde el punto de vista de una ciudadana italiana) es la de ser suficientemente libres de expresar nuestras opiniones (¡no vivimos en China, Cuba, Corea del Norte o en ningún otro estado con un régimen dictatorial!) y también bastante informados sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, dado un cierto pluralismo de los medios de comunicación (me refiero básicamente a los periódicos, dejo al lado el discurso de los canales televisivos por obvias razones).
Y subrayo el adverbio “suficientemente” porque es sólo lo suficiente para que nos engañemos con ser libres, lo suficiente para vehicular la opinión pública hacia un determinado pensamiento o estado de ánimo.

Probablemente no todos saben que cada año la organización no gubernamental Reporters Sans Frontièrs, organización que lucha hace tiempo por la libertad de estar informados y de informar, publica un listado (World Press Freedom Index) de los países con un mayor o menor grado de libertad de prensa. Los parámetros utilizados son varios, ya que van desde la privatización de la violencia (los grupos militares no estatales constituyen el mayor peligro físico para los periodistas) hasta la legislación en tema de libertad de prensa; de la difusión de los teléfonos móviles y de Internet en el territorio del Estado a los conflictos armados y al sacrificio de la información en nombre de la seguridad y la vigilancia nacional.
En el ranking mundial, es decir, de los 179 países que se tuvieron en cuenta, la Italia democrática y libertaria no está entre los primeros del listado.

Schermata
En 2012, Italia tenía la plaza 61ª; en 2013 la 57 ª; este año la  49 ª. Nos tranquiliza constatar que estamos subiendo en el listado después de los intentos de aprobación, en 2011, de la denominada ley mordaza”, el proyecto de ley presentado en su momento por uno de los mayores garantes de nuestra política (¡sic!), el democristiano Clemente Mastella.
Un poco menos tranquilizador es pensar que tenemos ante nosotros países como Namibia, Ghana, Botswana, Rumania y Haití (así, sólo para ejemplificar), es decir, países que, en el imaginario colectivo distorsionado, por supuesto -, son más jóvenes que el nuestro desde el punto de vista constitucional y jurídico.

Los veinte años de Berlusconi han terminado, todavía seguimos siendo felices revolcándonos en la ilusión de ser verdaderamente libres, convencidos de que vivimos en uno de los países más avanzados en el mundo.

Sin embargo, solo unos pocos y pocas de nosotras se pararon a reflexionar sobre el concepto de la libertad de prensa el otro día, cuando la opinión pública fue literalmente monopolizada por el asesinato del oso Daniza (una terrible ocurrencia, sin duda), mientras que en el Parlamento se peleaban (y las peleas todavía están en curso) para la elección de dos miembros laicos del Consejo Superior de la Magistratura.

daniza
¿Existe algo mejor que vehicular la atención sobre un argumento de corte populista para apaciguar las masas y, mientras tanto, alardear la existencia de una agradable libertad de prensa?

Elisabetta

Foto: Elisabetta

 

 

 

 

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