Libertad de gorjear

El periodo pre y post electoral normalmente tiende a sofocar todo lo que ocurre de forma paralela y que no tiene que ver con la temática estrictamente política.

Por eso, de vez en cuando, es necesario tomar un poco de oxigeno, aunque sea por algunos minutos, para no correr el riesgo de quedarse atrapados en la puntillosa y meticulosa disquisición sobre los varios #vinciamonoi #vinciamopoi #vinconoloro (#ganamosnosotros #ganamosluego #gananellos, la ultima obsesión italiana, hashtags usados y abusados en Twitter durante las recentísimas elecciones europeas), sobre el porcentaje de victoria o de derrota y sobre la autenticidad de las promesas de cada líder.

Y el paréntesis que quiero abrir – breve y rápidamente – tiene que ver con “gorjeos” de 140 caracteres.

Al igual que en el resto del mundo, en Italia también se ha difundido el uso de la potente red social Twitter; con retraso, me gustaría añadir.  Somos famosos por el buen gusto en el vestirnos, la buena comida, la cantidad de arte presente en nuestro territorio, pero no tanto por la rapidez en captar una nueva tendencia tecnológica.

En este momento, mientras todo el mundo estaba ocupado en tuitear sensaciones, emociones, fotos e insultos en tema político, no hemos llegado a almacenar una noticia que, al revés, hubiera encendido una espía de alarma en cada buen observador.

En España la red social se ha difundido y se usa activamente ya desde hace un tiempo; pero en los últimos meses la libertad de expresión que tanto se exaltaba ha sido reducida, sobre todo después del asesinato de la política del PP Isabel Carrasco. La Guardia Civil y la Policía, justo después del trágico evento, han iniciado una investigación por “apología de delito” o “inducción al crimen” hacia todos y todas aquellas que habían publicado tuits ofensivos sobre el tema.

Efectivamente, semejantes noticias, sobre todo si son llevadas al extranjero como “crónica internacional”, facilitan muy poco material interesante para competir y ganar en contra del sensacionalismo de las elecciones europeas (¿cómo eclipsar un Renzi que triunfa sobrepasando el 40%, un abstencionismo que casi llega al 50% de los con derecho al voto, los 80 euros añadidos al sueldo mensual de los italianos introducidos estratégicamente por Renzi justo antes de las elecciones, el clamoroso fracaso del Movimiento 5 Estrellas y la victoria de la Liga del Norte que empuja a salir del euro?). Por esta misma razón estamos todavía tuiteando todo lo que se nos pase por la cabeza.

Pero cuidado.

Lo que está ocurriendo en España podría verificarse sin ningún problema en un país mucho más conservador como Italia.

La ola de nuevas tecnologías, de hecho, es un tema que está provocando un gran debate en el mundo del derecho porque, tal como afirma el jurista italiano Stefano Rodotà, hace falta una legislación ad hoc comparable a la legislación del mar (en su último libro el autor crea un paralelo justamente entre el concepto de la navegación por internet y el de la navegación por el mar). Una temática tan amplia y fuera de los clásicos esquemas necesita realmente una reglamentación para no dar lugar a fallos que crearían resultados tan desastrosos para la democracia.

En Brasil, por ejemplo, han tomado medidas: hace menos de un mes ha sido aprobada la ley llamada Marco Civil da Internet, comúnmente llamada “la primera Constitución de internet”. Al otro lado del océano, efectivamente, se han dado cuenta de la necesidad y, sobre todo, de la urgencia de tutelar y garantizar los derechos de los usuarios de internet, unos verdaderos derechos fundamentales si los miramos desde un punto de vista vanguardista.

En Europa, al revés, estamos demasiado ocupados en intentar arreglar la crisis económica de nuestros países tan destrozados, con consecuencias indirectas muy peligrosas.

¿Dónde termina la libertad de expresión en el anárquico mundo de la red?

¿Cuáles son las reglas del juego y en base a qué se puede tolerar una opinión dada a través de las diferentes redes sociales? ¿Cuándo se pueden aplicar por analogía los casos previstos por los distintos códigos penales sobre los crímenes de expresión y cuándo no?

¿En Italia necesitamos de verdad llegar a una situación tan extrema?

Elisabetta

Foto: Elisabetta

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