Vuelos pindáricos: Humpty Dumpty

A veces pasa que, después de haber acumulado muchas informaciones y nociones aparentemente desconectadas, se enciende en la cabeza una bombilla al estilo Ungenio Tarconi y se crean unas conexiones a través de vuelos pindáricos.

Quiero proponer dos reflexiones sobre dos argumentos que en apariencia son diferentes pero que, por casualidad o por de-fragmentaciones cerebrales que yo ignoro, me resultan unidos por una figura, simpática y al rato inquietante, como es Humpty Dumpty.

humpty-dumpty

El gordo huevo antropomorfo llegó a ser conocido a nivel mundial gracias a Lewis Carroll, que le dedicó un capitulo entero (el sexto) de su A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, retomando dicha figura de una antigua cantinela infantil inglesa de principios del Ochocientos que era contada por Mamá Oca en sus cuentos. Todos conocen la historia de Alicia gracias también a la muy conocida película de animación Disney de 1951 que toma inspiración de A través del espejo y lo que Alicia encontró allí y de Alicia en el país de las maravillas. En dicha película todavía (y hay que preguntarse el por qué) no se hace mención alguna al señor Humpty Dumpty.

Los argumentos que he conectado mentalmente aparecen distantes entre ellos: el muro fronterizo (llamado de la vergüenza) construido para dividir Estados Unidos y México y la importancia, a nivel semiótico, del uso de la palabra y de la atribución del significado que a esta se da. No obstante esto, he encontrado en ambos casos la figura del agudo y tambaleante huevo y me he preguntado cuál es realmente su rol en la tradición popular y también en la literatura de Carroll.

Vamos por orden.

Como es (más o menos) notorio, en 1994 el presidente de Estados Unidos de la época, el democrático Bill Clinton, aprobó la Operation Gatekeeper con la que se autorizó la construcción de una valla fronteriza entre San Diego (California) y Tijuana (México) y, consecuentemente, se desató la idea de la legitimidad de una barrera de división como medio para contener los problemas de inmigración ilegal y de tráfico de armas y drogas, creando, de hecho, un precedente muy discutible. En los años siguientes, en efecto, se erigieron muchos kilómetros de vallas en otras zonas del confín interamericano, a lo largo de las cuales se autorizó la presencia de centinelas armadas, drones, cámaras y todo lo más sofisticado que ofrecía la tecnología estadounidense.

El debate en torno a la legitimidad del muro en cuestión ha vuelto a ser actual justo en los últimos meses, ya que el presidente Obama, ya Premio Nobel para la Paz, ha hecho suya la batalla para aquella que comúnmente se llama 11 Million Dreams, o sea, una ley que permitirá a once millones de inmigrantes recibir la tan deseada green card para obtener, de tal manera, la naturalización estadounidense. Junto a ella, como contrapartida digna de un sistema de checks and balances típico de la legislación de Common Law, se daría la autorización a un sustancioso refuerzo de la valla entre México y Estados Unidos, a parte de un importante desembolso por parte de los ciudadanos de más de treinta mil millones de dólares.

Leyendo un texto que hablaba de la cuestión1, me he cruzado con un estribillo sobre nuestro Huevo, uno de aquellos que contaba Mamá Oca, que decía:

Humpty Dumpty se sentó en un muro/ Humpty Dumpty tuvo una gran caída/ Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey/ pudieron a Humpty recomponer”.

El autor del libro que estaba bicheando, un tal Tony Payan, utilizaba dicho estribillo como llave de lectura para la cuestión jurídico-política México-Usa, cosa que me ha parecido muy interesante: imaginando que Humpty Dumpty hubiese caído de verdad del famoso muro, el gobierno de los Estados Unidos no habría utilizado solamente “todos los caballos y todos los hombres del Rey” para intentar juntar las piezas de la malparada cáscara y buscar una solución al problema, más bien habría simplemente convocado un mayor número de caballos y de soldados, convencido de que a la alineación de un mayor número de fuerzas correspondería automáticamente la resolución positiva del problema.

La metáfora es perfecta si se inserta en el contexto de la inmigración ilegal mejicana hacia Estados Unidos: alinear más avanzadas, poner a disposición un mayor número de recursos así como exacerbar sensiblemente la legislación en tema de inmigración ha sido la única respuesta a un problema básicamente económico y social.

Frente a esto me pregunto: ¿dónde está el diálogo entre países? ¿Dónde están las relaciones internacionales? ¿Cómo pueden los Estados Unidos justificar el muro fronterizo como un instrumento para contener la inmigración y pretender que dicha decisión sea aceptada? ¿Cómo pueden los partidarios de dicha (anacrónica y aberrante) medida no tolerar la comparación con el muro de Berlín, si al final lo único que cambia es el complemento circunstancial de lugar, mientras que el sustantivo queda siempre igual?

Y justo cuando reflexionaba sobre el uso de la palabra “muro”, me he acordado de haberme cruzado ya con el amigo Huevo, pero esta vez como bien conocido axioma de la semiótica moderna.

En el sexto capítulo del libro de Carroll, Alicia encuentra a Humpty Dumpty:
alice_humpty-dumpty_2_det«Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!»

«No sé qué es lo que quiere decir con eso de la “gloria”» observó Alicia.

Humpty Dumpty sonrió despectivamente.

«Pues claro que no… y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que “ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».

«Pero “gloria” no significa “un argumento que deja bien aplastado”» objetó Alicia.

«Cuando yo uso una palabra» insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso «quiere decir lo que yo quiero que diga…ni más ni menos».

«La cuestión» insistió Alicia «es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes».

«La cuestión» zanjó Humpty Dumpty «es saber quién es el que manda…eso es todo».

Esta conversación fue retomada por los filósofos del derecho para definir la contraposición existente entre la jurisprudencia de los conceptos (personificada por la dulce e ingenua Alicia) que establece que el significado atribuido a un concepto jurídico se queda invariable como un axioma absoluto y con una sola posible interpretación; y el convencionalismo jurídico (personificado por el impertinente y al rato irritante Humpty Dumpty), corriente del derecho que sostiene que la atribución a una palabra de un determinado significado depende de las convenciones establecidas por los operadores jurídicos en base a razones de oportunidad y conveniencia.

¿Cuál es la regla (jurídica o no) vigente en la realidad en la que vivimos?

¿Cuáles son las consecuencias de la inmovilidad de las palabras o, al revés, de su versatilidad? ¿Y quién es el detentador de dicho poder?

¿Existen realmente unos Humpty Dumpty en nuestros contextos de origen que, cuando usan una palabra, esta “quiere decir lo que ellos quieren que diga”?

Yo creo que sí.

Elisabetta Stomeo

1 Tony Payan, The Three U.S. – Mexico Border Wars: Drugs, Immigration and Homeland Security, p. 65

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