Del desencanto a la esperanza

Soy mujer, soy salvadoreña, soy abogada, defensora de derechos humanos en un país que lleva apenas 22 años de haberse librado de un conflicto armado que duró 12 años, que dejó más de 75,000 muertes, 8,000 personas desaparecidas y un sin fin de secuelas que siguen apareciendo donde menos imaginamos.

Soy hija de la guerra, soy parte de la generación del desencanto y sigo viviendo ese desencanto en un país tan pequeño como polarizado, donde la democracia es una ilusión que no termina de consumarse.
Y es justamente por esa ilusión de democracia que nos dejó la firma del acuerdo de paz de 1992 que no hemos logrado superar la dicotomía de izquierdas y derechas y que cada cinco años nos coloca al centro de enfrentamientos ideológicos altamente conservadores.

Reviso la situación de otros países y es inevitable comparar con la propia. Mientras en otros lugares se discute si se reconoce o no ciertos beneficios para parejas del mismo sexo, los derechos de los pueblos originarios, la protección del medio ambiente, acá parece que seguimos entrampados en un debate digno del período de la guerra fría.
Y es todo lo anterior, la razón del desencanto. Por esa falta de capacidad de asimilar que las condiciones de nuestra sociedad han cambiado, que necesitamos avanzar hacia un diálogo de país que busque el beneficio de las mayorías sin que ello implique excluir a los demás sectores.

el salvador

La realidad nos golpea duramente a diario, pero eso parece no ser motivo de una reflexión seria que se traduzca en acciones concretas para transformarla. La autocrítica es un elemento ausente en la gestión pública a la que se le suma un pasado incómodo plagado de impunidad que todavía nos sigue pasando la factura.
Y en medio de semejante panorama la lucha incansable de tanta gente que sigue clamando justicia por sus familiares asesinados/as y desaparecidos/as hace más de 30 años, así como la de quienes exigen justicia por sus muertos, muertas, desaparecidas y desaparecidos producto de la violencia actual, esa lucha es la que mantiene un poco de esperanza para seguir soñando que esta realidad puede cambiar.

Y así, me uno a esta aventura que representa Cassandra Errante, un abrazo a las gestoras de esta maravillosa idea que ahora se convierte en un espacio para seguir compartiendo desde nuestras realidades y aportando a la crítica constructiva que tanta falta que hace.

Sandra

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/podoboq/

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