Primera lección

El pueblo de Nazareno se encuentra ubicado en el noroeste argentino, a 585 km.de la capital de Salta. Se llega a él atravesando sendas serpenteantes, cerros altos y quebradas profundas, que implican grandes diferencias de altura, llegando a superar los 5000 msnm. en ciertos tramos del camino. Su gente mantiene la identidad y cultura kolla, en especial el respeto y amor por la Pachamama. En el año 2002 la Asociación de Comunidades Aborígenes de Nazareno solicitó apoyo para realizar un diagnóstico general que les permitiera contar con mayores elementos para fortalecer la lucha por la defensa de sus derechos, priorizando la necesaria titularización comunitaria de sus tierras y territorios. Con mis 24 años de edad y un título de abogado sin estrenar me ofrecí como voluntario para la tarea. Suelo recordar a menudo ese contacto primero con los pueblos indígenas, en especial una entrevista que mantuve con Doña María P.

Acompañado por la buena fortuna encontré el cuaderno de notas manuscritas de la época y una fotografía que inmortalizó el momento.

rodrigoMaria

Conforme a mis registros – no tanto a mi memoria – la conversación no empezó bien. Ofrecí un mate y lo rechazó “porque es amargo”. Agregó que “se siente mucho molesto que a una le hagan preguntas”.

Pese a esta resistencia inicial pude saber que contaba con apenas una década más que yo, aunque me aventajaba por siglos en experiencia. Estudió sólo hasta 4º grado de la escuela primaria porque tenía que cuidar a los animales, pero lo que aprendió le sirvió. Y sabía mucho más, que aprendió en la vida y en la comunidad. “Debe ser que me han enseñado…”

Trabajaba realizando tareas de limpieza en la Municipalidad pero también en una huerta con su familia al otro lado del río, en Molinos, donde cultivaban duraznos silvestres. En los días siguientes comenzarían el arado con bueyes para sembrar maíz. El lugar de siembra era comunitario, no había hurtos ni robos, se respetaba lo de cada uno sin que nadie cuide, “se siembra hasta ahí, luego un vacío y sigue el otro” indicaba trazando líneas imaginarias en el suelo. Tenía algunas ovejas y vacas que su madre llevaba a pastar al monte. Por las tardes salía a buscar leña para hacer pan.

Sacó una bolsa de lana natural y una pushka (una suerte de huso andino) con la que comenzó a hilar aplicando una técnica ancestral. Una vez procesada su marido tejería mantas, ponchos o frazadas. Según la tradición “las mujeres hilan y los hombres tejen”. Le señalé que me parecía haber visto un hombre hilando el día anterior. “Sería señora, los hombres no hilan”, me aclaró por segunda vez.

Nunca fue a ver a los médicos. “No sé por qué iría”, dijo. Sus hijos nacieron en su casa, sin más ayuda que la proporcionada por las mujeres de su comunidad. Sabía que la borraja, el toronjel y el eucalipto curaban resfríos y gripes; que la azuquita, el quimpi y el rica rica eran buenos contra el dolor de estómago; que la raíz de cortadera servía para bajar la fiebre y el cardón eliminaba las migrañas.

– Antes no conocíamos el hospital y estábamos bien – sentenció María.

– ¿Y ahora? – pregunté.

– Ahora andamos con dolor de muelas…

– …

…rumié algo…

… y creo que fue entonces cuando empecé a desaprender…

Rodrigo Solà

Advertisements

2 responses to “Primera lección

  1. Querido amigo que hermosa experiencia y relato, me gusta mucho esta faceta tuya, mis abrazos y a seguir relatando tu camino acompañando a las comunidades.. Mis abrazos y afectos querido Rodrigo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s