“La Teoría del Copo de Nieve”

Tal como he podido constatar a lo largo de las experiencias que he vivido y de los estudios que he hecho, no existe una experiencia igual a otra en términos absolutos. Es exactamente como con los copos de nieve. Cada una, ya por el momento histórico en el que ha nacido, ya por las personas que la han producido, resulta ser diferente a otra. Esto podría resultar una banalidad,  pero no lo es.

Basándome en ésta reflexión, no puedo, ni por asomo, atreverme a decir que la aventura del blog, de Nuestro blog, pueda ser parecida a cualquier otra. Dicho de esta manera, podría parecer una amplificación extremadamente exagerada de una experiencia “minimal” como aquella de juntar un par de mentes y decidir de inaugurar un “centro recreativo” virtual. Sin embargo,  mi reflexión transciende de la materialidad de la cuestión.

Fiocco di Neve
No obstante, no soy una antropóloga ni tampoco una socióloga. Durante semanas, hasta meses, he reflexionado sobre lo que podría comportar para nosotras, Cassandras,  lanzarnos en el experimento del blog.
He empezado observando la realidad que nos rodea, principalmente la situación compartida y difundida de precariedad: nosotras, jóvenes mujeres europeas, formadas, instruidas (o, por lo menos, así declaran los respectivos ministerios de educación), curiosas, deseosas de un crecimiento continuo, ansiosas de evolucionar, de poner en práctica todo lo que durante muchos años hemos estudiado, sin embargo paradas, inmóviles.
Somos el fruto de numerosos y dañinos experimentos de las respectivas clases políticas, pertenecemos a la primera generación obligada a formatear el clásico silogismo laboral que nos habían inculcado a lo largo de la vida (“si estudias tendrás una carrera”,  “si tienes carrera puedes encontrar un trabajo excelente”, “si tienes un trabajo excelente puedes pagar una hipoteca para comprar un piso maravilloso, un coche guapísimo, podrás engendrar un par de niños con tu príncipe azul y criarlos junto a un perrito y a un gatito”).
Pues bien, despertamos un día y no teníamos ni perrito, ni gatito, ni un piso, ni una hipoteca o, peor, a veces la teníamos, con todas las consecuencias que esto comportaba.  Ni un príncipe ni tampoco una princesa (claramente ambos azules), ni un algo que se pareciera a la idea de trabajo.
¿Dónde estaba el futuro que nos habían prometido? ¿Dónde estaba el resultado de todos los años de estudios y de sacrificios?
No quedaba nada, nunca había estado nada en realidad, nos habíamos dejado engatusar dócilmente.
Y este es el punto de partida.
Nosotras, jóvenes mujeres precarias, cansadas, insatisfechas pero llenas de vida y de energía. La decisión de montar el blog ha sido repentina. Reunir de manera virtual varios cerebros, crear un espacio en el que re-encontrarnos no obstante la cantidad de kilómetros que nos separan, volver a analizar determinadas temáticas desde diferentes puntos de vista tal como habíamos aprendido leyendo los textos de Joaquín Herrera Flores, poner en practica su famoso “diamante ético” para no perdernos las pistas, para no dejar de crecer juntas.
¿Qué es lo que ha pasado en realidad?
Entre la decisión de crear un colectivo y el momento de ponerlo en marcha han pasado seis meses. Seis meses durante los que hemos inventado excusas, muy a menudo sin una base sólida,   por miedo a entrar en el juego, por seguir en la sombra, por el miedo a ser criticadas y por el pánico a fracasar de nuevo. Nos hemos dejado absorber de manera consciente del “malestar existencial” del Viejo Continente.
Sin embargo, desde hace un mes,  gracias a la motivación de una de nosotras, el proyecto ha seguido para adelante y se ha hecho realidad. En este momento somos conscientes de afrontar esto. Somos conscientes de ponernos en juego, pero no queremos dejarnos invadir por la atrofia intelectual ni tampoco por ansia de prestación.
Y esto es así, porque cada experiencia es como un copo de nieve: única, diferente del resto de las cosas; bonita,  no obstante pueda tener un final y  bonita, a veces porque tendrá un final.
Cassandra Errante lucha por la exaltación de las diferencias y de la unicidad de cada una de nosotras y no por la aprobación del todo a través de la apariencia de la igualdad.

Elisabetta Stomeo

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